lunes, 12 de noviembre de 2012

Danza de Dragones





Lo acabé ayer. Me pasé todo el día leyéndolo, con un ansia voraz, como todo libro que logre engancharme, y especialmente la obra de Martin (además de Canción recomendaría "Muerte de la luz", otro libro suyo que he leído; para gustos más particulares, sin duda, pero creo que bastante bueno). Lo había estado leyendo a cada cinco minutos libres que tenía los días anteriores, incluso estando con mis amigos (es decir, igual
estábamos sentando pensando qué hacer y yo abría el libro y me acababa un capítulo en lo que decidíamos algo). Lo leía en el autobús de Vigo a Santiago, pese a que tenía muchísimo sueño. Llegué a casa y tras saludar brevemente a mis compañeros de piso me senté y seguí leyendo hasta acabar. Sufrí como un condenado al pasar mis ojos sobre las líneas que relataban los avatares de la historia. Grité de rabia cuando pasaron cosas que no voy a mencionar, para no hacer spoiler. Y lo acabé.
Y debo decirlo.

Adoro las novelas de George R. R, pero a él le odio. No, no le odio de verdad, pero es una perra. Te pone la miel en los labios y luego te la aparta (irónico, ya que detesto la miel). Lo mismo que hace en cada capítulo, pero haciéndolo además con el libro entero. El quinto tomo de la saga (bueno, más, si contamos que yo tengo el tercero y éste en la edición dividida), como es habitual, tiene un desarrollo lento y paulatino, hasta llegar a más o menos el último cuarto, momento en que leer pasa de ser un leve sufrimiento a ser una tortura agónica a causa de los nervios. La situación se pone al rojo, y devoras y devoras líneas, a veces saltándote palabras o líneas enteras, en descripciones sin importancia, buscando desesperadamente avanzar más en la trama para ver qué es lo que sucede con los personajes por los que sientes simpatía o al menos no sientes enemistad. Todo puede salir y todo puede salir mal. Aunque conoces de sobra a Martin, cruzas con esperanza los dedos, deseando que todo salga bien... Bueno. Algunas cosas salen bien, otras salen mal... pero lo peor es que muchas cosas no llegan a salir. Importanes acontecimientos no suceden, y algunos otros que seguramente hayan sucedido esperan al libro siguiente para comunicar cuál ha sido su desenlace... un volumen que tardará años en llegar y que es motivo de la posterior frustración y miedo del lector, que piensa que George es un hombre viejo, que quizás no llegue al séptimo libro... y ahí rezas para que dure, o para que tenga todo el esquema escrito y guardado en una caja fuerte, por si acaso. Y mientras tanto, a morderse las uñas con la impaciencia y la incertidumbre, y pensando "Dioses de Poniente y de las Ciudades Libres, Martin es jodidamente bueno, pero es un cabronazo". Y luego uno se ríe pensando que seguramente él estaría orgulloso de oírlo.

Ay, señor Martin, cuánto hemos de sufrir por su causa. Pero le queremos. Esperemos que R'hllor te guarde bajo sus llamas protectoras. Ya que es el único dios que parece tener realmente alguna clase de poder... y estar de parte de los humanos.

1 comentario:

Fénix dijo...

Me dejo un comentario a mí mismo porque ésta es la única de mis entradas que no tiene ningún comentario. Humillante, ¿verdad? =D