martes, 11 de diciembre de 2012

Historia Antiqua: De Municipia ( I )

¡Aue a todos! (Desmintiendo clichés: en Latín no existía la "v")

Hoy en día es existe en el mundo una polémica que en realidad es un tópico que se repite desde la noche de los tiempos (qué grande es esa grandilocuente expresión, y qué bien queda cuando se utiliza): el reiterado lugar común de la pérdida de los valores. Vivimos en una sociedad que ha perdido los valores. Nuestros padres también. Y nuestros abuelos. Y la gente del siglo XIX. Si leéis algo de Aristocles (más conocido como Platón), podréis ver cómo los protagonistas de sus diálogos también se quejan de esto. Y yo en
realidad no vengo a hablaros de ello. Esto lo menciono para que sepáis que el tema que os voy a exponer a continuación NO está motivado por eso, ni por la crisis que azota nuestro país en estos días, aunque bien podría, porque de alguna forma se pueden establecer interesantes conexiones. Pero no. Os voy a hablar de esto porque quiero. Es un tema que me parece interesante y que me gustaría compartir.
Hoy vengo a hablaros de la vida en el municipio romano.

Para hablar con propiedad de todo esto primero tendría que explicaros un poco cómo es la ciudad romana, cómo se construye, cómo se gobierna, etc., además de hablaros daros un par de lecciones de terminología civil y política romana. Pero eso alargaría mucho la exposición, y no es imprescindible. Baste que sepáis, de base, algo importante, y que a nivel ideológico (por así decirlo) permite entender por qué la vida en los municipia romanos era como era: los mismos habitantes de una ciudad eran quienes pagaban y construían sus casas. Es decir, a excepción de unos cuantos edificios públicos que pagaba el estado, los habitantes de una ciudad construían el lugar en el que iban a vivir.

Para empezar, dad por sentado que nos estamos moviendo en la época del Alto Imperio (esto es, desde el primer emperador, Augusto, cuyo imperio se da por iniciado en el año 27 a. C., hasta el asesinato de Alejandro Severo, en el año 235, que inicia la "crisis del siglo III"). Estos casi tres siglos marcan el período de máxima expansión, prosperidad y poder de la Res Publica romana, es una época de la que tenemos abundancia de datos y son el tiempo de máximo desarrollo de la sociedad romana. Pues bien, el imperio romano es un tejido compuesto por células (permítanme los biólogos la metáfora), cada una de las cuales es una ciudad. La ciudad contiene un núcleo urbano y el territorio circundante (a la manera de la pólis griega), y a esto los romanos llamaban municipium (pronúnciese "munikípium"), plural municipia ("munikípia").

Lo que caracteriza el municipium frente a otros tipos de oganización ciudadana es que el estado romano es muy intervencionista (tanto como podía serlo un estado en la Antigüedad; pensad que los medios técnicos y tecnológicos limitan la eficacia de una burocracia), y el individuo por ello está sumido en la colectividad, en la comunidad, y se ve muy condicionado por ella en su día a día. Las funciones que se asignan a los individuos en las ciudades romanas son lo que permite a sus habitantes vivir en sociedad, porque la vida no está sujeta a las libres fuerzas de la casualidad y el mercado (nuevamente: el mercado en un sentido Antiguo; la especulación financiera todavía no existe, pero la economía siempre es una fuerza poderosa; la cuestión es que el estado intervenía la economía con frecuencia). Pondré un ejemplo para que esto se entienda. ¿Cómo se conserva la ciudad romana? Las ciudades, al igual que los seres humanos, cambian, se desgastan, envejecen, mueren. A un ritmo lento, sí, pero lo hacen. Los edificios se humedecen, se agrietan y se derrumban. Las calles se ensucian. Las inundaciones y demás catástrofes naturales pueden arruinar muchos edificios. A menudo son frecuentes obras de ensanche, abrir algún pozo o acueducto nuevo... ¿cómo se hace todo esto? Los propios ciudadanos, de la misma forma que han contruido la ciudad, son los responsables de mantenerla en buen estado. ¿Alguna vez en el colegio o el instituto os han comentado que vuestra clase tiene asignado un pedazo de patio cuya limpieza es responsabilidad del conjunto de la clase? Pues algo así (a nosotros nunca nos mandaron a limpiarlo, pero tener lo teníamos). A cada parcela de tierra o propiedad en la ciudad se le adjudica el cuidado de los edificios y construcciones que se encuentren en sus inmediaciones. Si tu casa se encuentra a la sombra del acueducto, tú y tu familia tenéis que encargaros de la parte del acueducto que os corresponde. Y así. ¡De esta manera hay servicio público gratis! Ah, que creéis que la gente podría quejarse. Bueno, nadie dijo que fuese "totalmente" gratis. Unidas a estas tareas van una serie de pequeñas recompensas, una pequeña compensación, en forma de celebración, comida, guateque, fiesta... básicamente, tú te pasas todo el día currando y sudando la gota gorda bajo el sol, pero tras la dura jornada de trabajo va a haber una pequeña fiesta dada para ti y para los demás vecinos a quienes les haya tocado trabajar aquel día. Así, después de haber cumplido con tus labores de ciudadano, y presuntamente satisfecho con el deber cumplido, dedicarás unas cuantas horas del día a divertirte, emborracharte y, quizás, ligar. Y la gente que se dedica a organizar estos eventos también tendrán su parte de honra (porque una fiesta no se monta y no se paga sola). Aquéllos a quienes les haya tocado coordinar la celebración se llevan reconocimiento y prestigio por haberse tomado la molestia de poner su granito de arena cumpliendo con sus obligaciones para con sus vecinos, y según su grado de participación (cuántas veces se presten, cómo de guay sea la fiesta, si la pagan ellos, etc.), los honores recibidos pueden aumentar. No es infrecuente en el foro o en la plaza principal de laciudad se coloque una placa conmemorativa a fulano de tal por los servicios prestados a la ciudad, e incluso una estatua (según la pasta que ponga). Esto se relaciona con el evergetismo, una práctica que consiste en contribuir a la grandeza y esplendor de la ciudad a partir del propio bolsillo (pagando templos, obras públicas, juegos circenses, etc.) para ganar fama e influencia. Todo el mundo trabaja y contribuye, a su manera, unos con sus brazos, otros con su cabeza y su dinero. Unos aspiran a la satisfacción personal y un divertimento con sus vecinos. Otros a la inmortalidad.

Porque ésa es la gran ambición de Roma: la inmortalidad. La permanencia en el tiempo de una ciudad y de su imperio. Cada ciudad está romana está pensada para ser autosuficiente, autónoma, individual, imperecedera. Evidentemente hay una serie de disposiciones que emanan desde arriba (de hecho, para realizar cualquier modificación importante en la ciudad hay que pedir el permiso del emperador; ya os dije que el estado romano es muy intervencionista), pero por lo general la ciudad funciona por sí misma. La artesanía y el mercado existen, pero la ciudad no depende de ellos (pensemos que en una sociedad agraria, con una economía esencialmente de subsistencia esto es posible). Y todo aquel extranjero que contemple una ciudad romana puede ver cómo es proyecto político de Roma funciona. Porque no en vano este imperio permaneció en pie siglos (con sus altibajos y su decadencia final, pero en pie al fin y al cabo). Y es viable porque existen esas funciones que hemos mencionado, y existe una voluntad y un espíritu de cumplirlas (bueno, éso, y que si no cumples te expones a las sanciones del estado).

Este conjunto de deberes y prestaciones de cada individuo para con la ciudad son conocidos como munera, plural de munus ("múnus" - "múnera"), que es precisamente una de las palabras de las que procede "municipio". Munus + capere (tomar, coger) da municipium. Porque esta entidad existe en base a las obligciones de los ciudadanos que viven en ella y los que ocupan un cargo importante en su administración, los munícipes. Bueno, según Gerardo Pereira Menaut, el verbo no sería exactamente capio, pero yo personalmente no la conozco, que no soy filólogo clásico, así que solamente lo apunto. Estoy tomanod la etimología más común, la que podéis encontrar en diccionarios etimológicos por Internet.

Bonito, ¿verdad? Incluso idílico . Pues todavía puede serlo más. Pero me temo que eso va a tener que esperar a otro día, que la entrada ya me está quedando demasiado larga (y el disco de Metallica ya se ha acabado, el fantástico S & M). Así pues, lo dejo por aquí, con vistas a completarlo pronto, no sin antes advertiros que no os dejéis llevar por las apariencias. Esto es la teoría. Toda sociedad es perfecta sobre el papel (incluso una dictadura, si me apuráis). El mundo era duro, y la vida era muy perra, fuese cual fuese el escenario, y las cosas no son nunca tan maravillosas y utópicas. La desigualdad, la injusticia y la rotura de la ley estaban tan a la orden del día como lo han estado siempre. Lo que yo pretendo explicar es cómo se vivía más o menos (porque, al fin y al cabo, jamás podremos tener la absoluta certeza) en la ciudad promedio del Imperio, acercarnos a la sociedad y la cultura de aquel tiempo y aquella civilización a través de algo tan básico como es la vida en la ciudad. La forma de estructuar una sociedad, la ley que dicta cómo debe ser, nos explica una parte muy importante de cómo es realmente, aunque después tenga sus claroscuros. Y la realidad romana no debía de ser muy distinta, pues, como ya he dicho antes, fue uno de los mayores imperios de la Historia, de los que mejor funcionaron, que sobrevivió a decenas de emperadores diferentes (muchos grandes imperios han caído por depender su existencia de un líder carismático que los mantuviese unidos, véase Alejandro Magno, Carlomagno, etc.; una de las pruebas de la grandeza de Roma es que montó un sistema que funcionaba más o menos al margen de quién estuviese al mando), que tuvo un enorme poder y una enorme extensión a pesar de desarrollarse en una época en que controlar un dominio tan inmenso era prácticamente imposible... y duró mil años (bueno, esto es matizable, pero en fin, abusemos de los tópicos una vez más). No estoy haciendo apología de los romanos, eh. Eran unos hijos de puta, desde luego (los yankees son los romanos de hoy, para que os hagáis una idea), pero algunos de los aspectos de sus sociedad eran admirables. Para que un imperio sea tan estable y duradero sus bases también tienen que serlo.

Mi madre, tengo más cuerda que un reloj. Hala, no os aburro más por hoy. ¡Saludos!

Aviso: la información contenida en esta entrada procede de primera mano de las clases impartidas por Gerardo Pereira Menaut, docente de Historia Antigua en la Universidad de Santiago de Compostela. Cualquier error contenido en la entrada puede deberse a un simple despiste humano o, más probablemente, a un fallo del alumno y copista, es decir, yo.

1 comentario:

Anna Genovés dijo...

¡Buena clase de historia!

Mañana te vas al IES y das la clase que corresponda que seguro lo haces mejor que la mayoría de profes.

Los romanos seráin unos hijos d esu madre, como los USA de hoy, pero -como tú dixit- los imperios se mantienen a fuerza de corneta.

Saludos, catedrático. Je, je, je...

Ann@