martes, 6 de mayo de 2014

El pájaro

Un pájaro en rama posó,
picando aquí y allá, sin prisa.
Miró de reojo, como buscando algo,
pero ni abrió pico ni dijo palabra.
Pareció que nada quería,
pero allí siguió, como esperando.
El hombre se acercó,
dijo, "Mal presagio",
se le torció el gesto.
El pájaro no dijo nada.
Miró el hombre alrededor.
Algo le inquietaba.

"Qué es el miedo", se preguntó,
"¿Es acaso un pájaro
que está posado en una rama?".

"Temerás por otra cosa",
le dijo el ave.

"Pero, ¿cuál es tu color?"

"No soy dorado ni soy naranja,
ni soy rosa, ni soy azul.
No soy verde ni soy blanco,
ni soy tampoco como tú.
Esto ahora sabes, hombre".

"¡Qué cosa tan extraña,
escuchar a un pájaro que habla!"

"No has de entender,
no te preocupes.
Solamente tienes que olvidar
que yo estoy en esta rama".

"¡Mal presagio!" dijo el hombre,
sus ojos cada vez más oscuros,
cada vez más pálida su piel.

"¿Qué es el miedo?",
preguntó el pájaró, burlón.

"¡El miedo es un pájaro en una rama!"

"Pareces un poeta",
se burló él de nuevo,
"¿Qué es lo que crees,
que estás rimando una leyenda?"

"¡No quiero oírte!"

"¡Pues vete, sin más!
¿No eres tú quien
al pájaro se ha acercado?"

"¡No me ataques!
¡Ay, qué imprudente fui!
Me sentí fascinado".

"Pues calla tú ahora,
y me callaré yo".

"Eso haré".
Y así fue un rato.
Pero pasó más tiempo,
y el hombre se inquietaba.
Miró al pájaro de reojo,
pero éste no lo miraba,
aunque siempre uno de sus ojos
estaba fijo sobre él.
"¡Deja de mirarme!"

"No te miro, humano tonto",
rió el pájaro con un chasquido.

"¡En qué mala hora
me acerqué a ti!"

"¡Vete ya, desdichado!
¿No ves acaso
que yo no te obligo?"

"¡Ay de mí!"

"¿Huir no deseas?
¡Pues teme, entonces,
porque cortejas
lo que no debes!"

"¡Ay de mí!"
Batió el pájaro las alas.
Cerró el pico
con un graznido.
"Ya basta.
Se acabó el trinar.
Ya es la hora.
No podrás escapar".

"¿Cómo es que fui yo
el que vino a parar a ti?"

"Porque yo soy más astuto".

"¡Ay de mí!"

El pájaro rió.
Fue una carcajada fría como un inverno.
Al hombre infortunado
se le heló el alma.
"¡Teme, teme!",
gorjeó el pájaro.
El hombre temió.
Los ojos vacíos,
sin vida, del pájaro,
fueron la última cosa que vio.
Sus propios ojos se cerraron
y su aliento se fue.
Serpenteó entre las piedras
y se fue lejos, perdido,
como un riachuelo que fluye.
Moribundo y errático,
un fino hilo de plata
que al final se consume.

El pájaro batió las alas.
El pájaro se rió como la Muerte.
El pájaro levantó el vuelo
y corrió a posarse en otra rama.

3 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

Simpático, el pajarito. Pío, pío...
Abrazos, siempre

Fábio Murilo dijo...

O azar existe pra quem acredita nele. O azar é uma abstração, é um rol só de coisas negativas

Hellen Hosseini dijo...

Ô lindo, gosto de tudo que tu escreve, me põe a pensar.
Obrigada pelas palavras e elogios tão sinceros como sempre, fico muito contente.

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