miércoles, 23 de octubre de 2013

Hasta siempre, abuelita.

Hace un par de semanas se murió una de mis abuelas. La madre de mi padre.

Últimamente he estado muy ocupado. Y el poco tiempo libre del que he dispuesto no he tenido ganas de dedicárselo a blogger. Por eso tengo abandonado mi propio blog y los de aquéllas personas a las que sigo. Pero por sugerencia de mi padre, y ya que hoy me he acordado de este tema, creo que lo mínimo que puedo hacer, ya que no pude estar en su funeral, es escribirle algo y dedicarle una entrada.

Se llamaba María. María Mosquera. Ignoro si tenía un segundo nombre y confieso que tampoco me sé su segundo apellido. Solamente sé que se llamaba María Mosquera. Lamento no poder decir más. A decir verdad, nunca supe mucho sobre ella. No soy de esas personas a las que les preocupe especialmente indagar en el pasado familiar, anque debería. Es lo que tiene estar siempre con la cabeza en las nubes. Luego, cuando te das cuenta, y empiezas a mostrar interés, suele ser a menudo demasiado tarde...

Para mí, pues, era simplemente mi abuela. Una de las dos que tengo... que tenía. Era esa señora a la que íbamos a visitar, primero a Fene, y luego (en los años recientes) a Foz. Cada vez que tocaba decíamos que íbamos a ver "a la abuelita de Ferrol", a pesar de que en realida ella no viviese allí. Pero es una forma de hacer entender a un niño pequeño. En el trayecto en coche que separaba Lugo de nuestro destino, atravesábamos un lugar que denominabamos "la Ciudad Fantasma". En realidad era un complejo industrial (nunca supe de qué) del cual surgía una gigantesca chimenea que expulsaba humo blanco. A medida que la dejábamos atrás en el vehículo, se producía una peculiar ilusión óptica, pareciendo que la colosal estructura cilíndrica pareciese caérsenos encima. No es que tuviese mucha relación, pero de ahí el nombre... Un tópico de casa de mi abuelita era que la comida siempre estuviese increíblemente caliente. Y eso que cuando mi padre la llamaba por teléfono, a medio camino, le decía a mi abuela "¿Pero cómo es que ya has hecho la comida, si todavía nos falta una hora para llegar?". A pesar de que yo no prestaba mucha atención al paisaje durante el camino, siempre me daba cuenta de cuándo estábamos a punto de llegar, porque entrábamos siempre por la misma calle, en la cual había una intersección muy amplia de cuatro calles. Después, aparcar la furgoneta, mirar arriba, allá en la ventana del tercero estaba ya la abuela viéndonos llegar, asomada, de la misma forma que siempre nos veía partir, cuando salía para despedirnos y mi padre me decía "Dile adiós a la abuela", y yo saludaba con la mano desde el coche... En fin, aparcar allí, delante del edificio, llamar al timbre (con su característico sonido), el olor del rellano... cosas que no se olvidan. En casa de mi abuela no solía divertirme mucho porque no había con qué, aunque siempre echaba una ojeada a los libros de Egiptología de mi tía Paula, y la película "Los misterios de las pirámides", o los libros de especies amenazadas, donde yo aprendía que había diferentes tipos de delfín: el delfín mular, el delfín común... qué se yo, y también erizos, muchos tipos de ballena, lobos, osos... cuando eres pequeño no te das cuenta, pero cuando creces un poco, ya en la adolescencia, empiezas a preguntarte por qué diablos TODOS los animales que conoces en el mundo resultan ser especies amenazadas... Aparte de eso, la vieja televisión en la que mi padre se quedaba a ver el fútbol por la tarde, y cuando atardecía, finalmente, a volver a casa...

La comida de mi abuela me gustaba, nunca tanto como la de mi abuela materna, pero me gustaba. Además, cuando ya estás acostumbrado a la misma comida y a la misma forma de prepararla, esa especie de doméstico ritual acaba por ser algo agradable y que esperas con alegría. El típico churrasco, con patatas fritas, la ensaladilla rusa de siempre, y en Navidad, cómo no, las almejas a la marinera de la abuela, que tanto gustaban a mi padre. Y el arroz con leche. Cada vez que íbamos a casa de la abuela regresábamos con ingentes cantidades de comida (mayormente lo antes mencionado), y con un quintal de arroz con leche que a veces mi padre tenía que congelar para que no se pudriese. Todo amigo mío que probó el arroz con leche de mi abuela decía que estaba bueno, y llegó a ser una especie de tópico que siempre hubiese arroz con leche en casa de mi padre (además de pizza).

Hay que ver cuántos recuerdos pueden salir a la luz una vez que uno se sienta y comienza a enumerar... la sonrisa afable e incluso pícara de la abuela, su voz estridente y sonora, a veces difícil de entender, su eterna sordera (que ha heredado mi padre) paliada en los últimos años con el audífono, los cinco euros que siempre tenía dispuestos para sus nietos... Un montón de pequeños detalles que hacen a una persona y a una relación, no solamente con su hijo o su nieto, sino con todas las personas de la familia. Mi abuelo paterno murió hace muchísimo tiempo, yo no llegué a conocerlo. Pero ahí estaba mi abuela, para de alguna forma, mantenernos a todos unidos durante las celebraciones del invierno...

Mi abuela siempre ha sido algo pesada, especialmente en los últimos tiempos, yo siempre la conocí así, y creo que no hay nadie, absolutamente nadie en mi familia, que pueda negarlo. Pero eso no significa en absoluto que fuese mala persona. Al contrario. Creo que mi padre jamás se cansará de repetir lo mucho que trabajó siempre mi abuela para sacar adelante a sus cuatro hijos y pagar los estudios de mi tía Paula, que ahí donde la veis, hoy en día es traumatóloga y vive de puta madre. O la sempiterna e inagotable anécdota de que se fue a trabajar a Inglaterra a pesar de no tener ni pajolera idea de inglés.

Así que ésa era mi abuela. Una abuela tan cañera en sus tiempos como para desplazarse hasta la capital sólo para ver jugar al Real Madrid. Una abuela siempre tan preocupada por sus hijos que les asfixiaba con sus tuppers de comida, de los cuales casi todo el mes se podía sobrevivir. Una abuela tan testaruda que se negaba a vivir en casa de mi padre porque prefería quedarse en Foz para vivir cerca de su hija más joven y así poder darle la vara estar pendiente de ella. Una abuela que siempre será recordada con cariño por mí y por toda mi familia, porque en el momento en que escribo estas líneas, ya hace rato que se ha marchado para siempre...

Así que desde aquí te mando un beso y un abrazo muy fuertes, abuelita. Si Dios existe, espero que te tenga en su Gloria. Y no te preocupes, porque aunque yo sea ateo, igualmente iré con mi padre al panteón de la familia a dejar flores sobre tu tumba y a limpiar regularmente las losas de tu sepultura. De la misma forma que tú hacías con tu difunto marido, el abuelo.

Adiós.
  

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Me has dejado sin palabras.

No puedo sentirme más identificado. Quizás lo único que dista de mi propia experiencia es el viaje de ida y vuelta, el mío era desde Carballo.

Un abrazo, primo.

Fénix dijo...

Gracias =) La verdad es que me emocioné mucho mientras lo leía.

Fénix dijo...

*Escribía.

mónica pía dijo...

"mantenernos a todos unidos durante las celebraciones..." y eso se sentirá mucho en las próximas... ojalá alguien se anime a tomar la posta... por qué no su nieto??

te mando un cariño grande desde aquí,

Luis H. dijo...

Ya lo siento. Todo un detalle la dedicatoria por tu parte.

Ánimo.

maruxaina89 dijo...

Te acompaño en el sentimiento, Fénix, y no es una frase hecha, lo hago de verdad. La pérdida de uno de mis abuelos es algo que se quedará para siempre conmigo, pero se supera....o se aprende a vivir con ello.
¡Mucho ánimo!

LUMI BRAVO HERRANZ dijo...

No importa como sean las abuelas, siempre se dice que son cariñosas, buenas, dulces,... a pesar de su carácter. Siempre serán nuestras abuelas. Aquellas mujeres capaces de unir a la familia, atraernos hacia el lugar de donde uno tiene el arraigo; la mayoría, mujeres fuertes que lucharon por salir adelante en tiempos imposibles. No importa si eran pesadas o demasiado despreocupadas, simplemente son abuelas, sangre de nuestra sangre. Siento mucho la pérdida, pero la vida es así, los años van pesando en nuestro cuerpo y cuando dicen hasta aquí hemos llegado, no hay vuelta atrás. Un abrazo fuerte amigo.

Fénix dijo...

Gracias a todos =3

Zeldas dijo...

Fénix, sé que es algo tarde postear en tu blog. Lamento muchísimo lo de tu abue.

Recibe un abrazo cariñoso y cuídate. Tómate el tiempo que necesites y no te olvides de tu blog =) ni de los que te seguimos.

A Hug =)

Juan M Lozano Gago dijo...

Ahora te leo,
aunque con retraso, te envio muchos ánimos!