miércoles, 12 de junio de 2013

¡Ciclo poético! Y hoy, el final.

Un fragmento de un pequeño relato sin sentido que escribí... hace mucho tiempo. Disfrutad de la siniestra experiencia.


Miro al frente y, decidido, comienzo el difícil descenso. Tropiezo constante y torpemente con los pies que, ciegos, tratan de buscar asidero. Mis manos sangran al agarrarse a las afiladas rocas. Las paredes desprenden un calor asfixiante y vapores fétidos que me ahogan. El sudor gotea desde mis pestañas, dificultando mi ya escasa visión. Pasan horas, y el precipicio no parece tener fin. A medida que avanzo hacia
abajo, un olor nauseabundo va apoderándose del aire. Es como si miles de cadáveres estuvieran pudriéndose en el fondo, si es que hay término alguno en el Abismo. El cántico que antes escuchaba aumenta poco a poco. Es una melodía de voces suaves y armoniosas, pero un frío mortal se apodera de mí al oírlas, pese a la infernal temperatura ambiente. Se me eriza el vello de la nuca de puro terror. No es algo racional, no puedo expresarlo con claridad. Es como si un soplo de muerte se prendiera en cada sílaba susurrada entre la música siniestra. De pronto, soy consciente de que una ligera somnolencia se ha apoderado de mí, de que me he detenido un instante a escuchar. Sacudo la cabeza, saliendo de mi ensimismamiento, y prosigo, cada vez más nervioso, pero, a la vez, extrañamente más tranquilo a medida que desciendo
La luz escarlata crece, y con ella el canto, mi miedo… y mi calma. Los párpados comienzan a pesarme, y mis músculos se vuelven plomo. El pavor me invade pensando en la caída que me aguarda si me duermo. Pero, ¿cómo es posible? ¡Maldita sea, sé fuerte, si te desvaneces, el Submundo te engullirá para siempre con sus negras fauces!
Me doy cuenta de que ya puedo distinguir palabras sueltas. ¿Quiénes son? Sus voces son tan bellas, tan dulces, tan seductoras… Me mecen y me a acunan, tan atrayentes, insinuantes, melodiosas…y frías, insidiosas, peligrosas… ¡su hechizo es el que me está sumiendo en este maldito sueño! Aterrorizado, trato de reponerme y acelero mis movimientos, desesperado,  descolgándome casi sin agarrarme a las piedras, luchando por llegar al fondo, pero cada vez me siento menos en este mundo. Mi alma se sumerge poco a poco en las cadencias oníricas del conjuro, y no puedo hacer nada por evitarlo. Ya percibo la canción por entero, y no puedo evitar pararme un segundo a escuchar, muerto de miedo, el sello de mi destino.

Extinguimos tu aliento,
reinamos en el viento y en la muerte.
Condenado al sufrimiento, ¡maldice tu suerte!
Por fuerte que grites, te ahogarán los tormentos.
Tu cuerpo se pudrirá entre agónicos lamentos.
En el Abismo te perderás, pecador errante.
Por tu crimen tu alma se perderá en dolor,
y en tu último instante suplicarás con terror.
Pero las soberanas no se apiadan
de quien de nadie tuvo piedad.
Viniendo al Sueño,
de quien nuestro hechizo es dueño,
sabrás la verdad.
Tu espíritu se perderá, fugaz, en sólo un segundo.
Ven… Ven, mortal, olvida el mundo…

No soy capaz de continuar aferrado a la pared. Siento que mis dedos, persistentes, ceden sin poder hacer nada. Pienso en ella, pero la fuerza me ha abandonado ya, y ni su recuerdo la hará volver. Caigo. Es lo único de lo que tengo consciencia mientras la oscuridad me envuelve entre sus mandíbulas heladas y ardientes. Las voces se han detenido. Abro ligeramente los ojos y veo ante mí a los espectros pálidos y etéreos de tres mujeres, de una transparencia y un brillo diabólicos, pese a su hermosura casi divina. Son muy parecidas. A decir verdad, la única diferencia que existe entre ellas radica en sus cabellos. La de la izquierda tiene prendidos reflejos negros en el pelo, violáceos la de su derecha y de bello y oscuro azul la tercera. No mueven los labios, pero oigo sus voces, delicadas y aterciopeladas, a la par que terribles, resonando en lo profundo de mi mente.

-¿Qui… quiénes sois?

Ellas sonríen y se ponen a bailar una danza extrañamente alegre y a la vez macabra, agarrándose las manos y girando en coro, cantando.

¿Quiénes somos, quiénes somos,
que no hay quien más reine en esta oscuridad,
quien condene a más injustos que se muestran,
y ponderen la tempestad,
y en esta luz no hay verdad
que no sea la nuestra?
¿Quiénes somos, quiénes somos,
que manipulamos la vida a voluntad,
que abrimos heridas sin piedad,
que movemos los hilos de la existencia con impunidad?
¿Quiénes,
que ahora te condenan por tus actos,
que por haber jugado con fuego sales quemado,
y en el juego demasiado alto precio
has arriesgado y pagado?
Por amor todo en vida hiciste,
y a su muerte, lo que pudiste.
Maldijiste la noche en la cual te la quitamos.
De tus brazos tiernos para siempre la arrebatamos.
Pero no conforme,
la buscaste;
cometiste pecados enormes;
por ansia inútil aquí bajaste, deseando recuperarla,
¿y no pensaste acaso que era mejor dejarla?
En memoria no abandonarla,
y conservarla en recuerdo...
pero loco, y no cuerdo, ¡desdichado insolente!,
bajaste diciéndote doliente,
y en tu maldición caíste por tu necedad,
y por terquedad no desististe
de tu intento fútil y triste,
y ahora moriste,
en tu tumba eterna y oscura,
y jamás de nuevo la verás, en castigo a tu locura,
que, aun en tu silencio, perdura.

¿Quiénes somos, quiénes somos,
que somos término e inicio,
final y principio,
de las virtudes de unos
y de otros los vicios?
¿Quiénes,
que somos la vida y la muerte,
en tu debilidad somos fuertes
y bailamos y cantamos ahora sobre tu cuerpo inerte?
La respuesta es sencilla y diáfana como las aguas.
Somos tu destino, somos las tres ánimas.
            

10 comentarios:

Juan M Lozano Gago dijo...

Las animas bien podrían ser las sobrinas de la muerte, escalofriante y sugestivo relato de terror psicológico.

Una escalada realmente mortal, la duda: estaba muerto desde que comenzó a oír las embaucadoras voces de las ánimas? Seguramente...

Fénix dijo...

Interesante. Ni yo mismo lo sé xD

maruxaina89 dijo...

Me ha gustado, muy mucho.

Por mi parte diré que al hablar de las tres ánimas lo primero que me vino a la mente fue el cuadro de Rubens, recordé a las tres mujeres en corro y me las imaginé cantando...¿podrían ser las tres sombrías Gracias del reino de Hades?

"¿Quiénes somos, quiénes somos,
que somos término e inicio,
final y principio,
de las virtudes de unos
y de otros los vicios?"

Este trozo en especial.

Un saludo ;)

Fénix dijo...

Eeeeh, Maruxaina sabe... que conste que no fue premeditado.

A ver, las tres Ánimas, que parece que despiertan mucho interés... En el momento en que escribí esto, hace años, escribí "ánima" como quien escribe "Parca". Realmente no tenía muy cláro el concepto de "ánima", que no es más que "alma", pero yo por entonces creía que su significado era más "guay" y más siniestro. Se ha quedado así porque rima xD (y porque realmente puede entenderse que Las Ánimas es una simple designación común: Las Tres Almas son las Tres Parcas, las Tres Moiras, las Tres Gracias Infernales, las Tres Hermanas de la Muerte, las Tres Doncellas de la Perdición, las Tres Señoras del Destino... interpretadlo como más os guste, porque es lo más bonito =3).

Amando García Nuño dijo...

¿No sería el mar el escenario y las tres ánimas, sirenas?
Hay que ver, cómo nos va a los varoncitos con esa manía de estar atento a las voces de las mujeres. Y luego dicen que no las escuchamos.
Salud-os

Fénix dijo...

Jajajajajaja, qué bueno, Amando. Eres la leche, de verdad.

María dijo...

Me ha gustado ese "sudor que gotea desde tus pestañas", lo que puede producir ese goteo: asfixiar la mirada.

Un beso.

Anna Genovés dijo...

Me ha gustado esta decadencia mortecina del descenso del ser entre la angustia y la satisfacción. El amor y el odio. La vida y la muerte.

Los tramos narrativa/poesía, se te dan muy bien Amigo.

Un abrazo, Anna

LUMI BRAVO HERRANZ dijo...

Tres entes femeninos que te seducen entre sentimientos variopintos y arrastran a tu cuerpo y alma hacia el purgatorio para dar cuenta de tus actos. Un abrazo.

LUMI BRAVO HERRANZ dijo...
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