lunes, 11 de diciembre de 2017

Una reflexión sobre la prostitución

Pongamos un trabajo cualquiera, de ésos a los que la práctica totalidad de seres humanos del planeta consideraría un trabajo "normal". Camarero, dependiente, albañil, enfermero, abogado, limpiador, profesor, minero, bedel... Unos con más "glamour", otros no tanto; unos más deseados, otros que por lo general se desempeñan porque no hay otra; unos en los que se cobra más y (por lo general) hay mejores condiciones laborales, otros en los que no tanto. Pero, en definitiva, trabajos considerados "normales".

Rara vez podemos decir que en esos trabajos "normales" se den condiciones laborales perfectas. Todos los trabajos tienen algún tipo de riesgo, y es habitual que en todos siempre haya algo criticable, algo que se debería mejorar. Tal vez las horas de trabajo, tal vez las circunstancias y el material con el que se trabaja, tal vez el sueldo, en fin, muchísimas cosas. Por duro, injusto, mal pagado y peligroso que sea ese trabajo, lo que no va a suceder es que alguien luche por erradicarlo. Lo que se hace en todos esos trabajos "normales", en TODOS, es luchar por alcanzar buenas condiciones laborales, reivindicando un trato justo, un sueldo digno, la mayor seguridad posible (al margen de la propia peligrosidad del trabajo en sí), etcétera, etcétera. Porque la gente sigue desempeñando esos trabajos, sigue teniendo que recurrir a ellos, sean buenos, sean malos, te gusten o no te gusten, sea por las razones que sea, así que la solución no es eliminarlos, sino convertirlos en buenos trabajos, bien remunerados y con las mejores condiciones que se puedan. Si a los peluqueros, los maestros de primaria, los electricistas, los fontaneros o los cirujanos los secuestrasen y los obligasen a desempeñar sus oficios en condiciones de esclavitud, lo que pasaría, lo NORMAL, sería que la gente luchase por acabar con esa esclavitud, pero no con el oficio. En muchos trabajos actuales se producen explotaciones laborales que de hecho pueden considerarse prácticamente semiesclavitud, pero yo veo a la gente preocupada por acabar con la explotación y precariedad laboral y alcanzar derechos, no por hacer desaparecer el trabajo. Todos esos trabajos tienen problemas, incluso hay algunos que son trabajos verdaderamente miserables; pero por muchas pegas que tengan, por muy peligrosos que sean o mal pagados que estén, por mucho que mucha gente los desempeñe a la fuerza, porque no tienen otra cosa mejor, yo no veo a nadie convertir todos esos peros en argumentos para eliminarlos.

Pero entonces llegamos a la prostitución VOLUNTARIA (al margen quedan las mafias, secuestros, prostitución forzosa y todo eso, lo cual debe ser perseguido y castigado). Y de pronto, como por arte de magia, cualquier argumento vale para defender su desaparición. ¿Precariedad laboral, abusos, explotación…? Eh, ¿te suena algo así como las etiquetas “Made in China” y otros países por el estilo de la ropa o los juguetes? ¿Te suenan por casualidad esas historias de personas adultas y niños explotados en talleres textiles de países pobres, gente que cobra un euro al día, grandes multinacionales aprovechándose de la miseria de personas desesperadas que trabajan en jornadas inhumanas para poder cobrar un dinero que a duras penas les da para infravivir? Sí, a mí también me suena todo eso, pero, ¿sabes? Yo no he visto a gente dejar de comprar los productos de esas empresas, ni pedir la abolición de la industria textil o el oficio de costurero, o sastre, u otros relacionados con este tipo de explotación. Otro argumento: ¿el oficio es peligroso? No es mucho más peligroso que otros oficios que requieran tratar con seres humanos (que es lo que son los clientes: SERES HUMANOS, algunos inofensivos y otros peligrosos, y te puedes encontrar con cualquiera de esos dos tipos en cualquier situación). Es igual de peligroso (a nivel sexual) ser actor porno, y veo el mundo de la pornografía mucho más asentado y tolerado que la prostitución. También ser especialista de cine de acción es un empleo de alto riesgo, y no veo que a la gente le parezca mal. Y muchos más. Y por cierto, la seguridad laboral de las prostitutas mejoraría mucho si fuese un oficio no perseguido, porque podrían mejorarse las condiciones de trabajo en todos los aspectos. Otro argumento: ¿la prostitución es algo temporal, es un oficio que a muchas prostitutas no les gusta, sólo lo hacen por necesidad? Pregúntale a un camarero (sobre todo a ésos que trabajan doce horas al día y seis días a la semana) si no preferiría estar haciendo otra cosa. Pregúntale a alguien que trabaje en un Burger King si es el trabajo de su vida y se quiere quedar ahí para siempre. Oh, por supuesto, alguno habrá que te diga que sí le gusta su trabajo. Sorpresa, sorpresa, con las prostitutas sucede igual. Otro argumento: ¿las prostitutas “venden” su cuerpo? ¿Perdona? ¿Cuando te follas a una puta has firmado previamente un contrato legal vinculante que te establece a ti como propietario del cuerpo, o de alguna parte del cuerpo, de la prostituta? Cuando pagas a un trabajador sexual pagas un servicio, pagas su TIEMPO, no su cuerpo. El trabajador sexual trabaja con su cuerpo, ¡por supuesto! Dime, ¿los albañiles ponen ladrillos con poderes telekinéticos, en plan jedi? Cuando pagas a un fontanero no compras su cuerpo, aunque él lo utilice para trabajar, él utiliza sus conocimientos para ofrecerte un servicio. Las prostitutas hacen L-O-M-I-S-M-O. Otro argumento: ¿las prostitutas están obligadas a hacer lo que el cliente quiera? Aquéllas que son esclavas seguramente sí, pero recordemos que hablo de prostitución voluntaria. Vamos a ver, si tú vas a un restaurante, está claro que el camarero tendrá que cumplir con una serie de servicios para con el cliente, ya que es su trabajo, pero el local en el cual trabaja tiene una serie de políticas y de condiciones para aceptarte a ti como cliente. ¿El camarero te dejará entrar con un perro si hay un cartel en la entrada que pone “no se permiten perros”? ¿O te dejará fumar si hay un cartel que dice que está prohibido fumar? ¿Qué sucederá si se da alguna de esas situaciones? Lo más probable es que el camarero te pida que abandones el local, porque no estás cumpliendo las condiciones que aceptas tácitamente en el momento en que atraviesas la puerta. Los trabajadores sexuales profesionales y con experiencia establecen previamente con el contratante qué están dispuestos y no dispuestos a hacer, como en cualquier empresa del mundo en la que contrates un servicio de cualquier tipo.

Se podrían seguir poniendo ejemplos, y en todos los casos sería lo mismo. Si comparas objetiva y minuciosamente el oficio de la prostitución con cualquier otro trabajo te das cuenta de que NO hay grandes diferencias. PERO curiosamente, la prostitución se ve como un mal del mundo que se debe purgar, mientras que cualquier otro oficio es aceptable siempre y cuando se ejerza en las condiciones adecuadas. Así pues, ¿cuál es, realmente, la gran diferencia? EL ESTIGMA. Simple y llanamente el estigma moral, el estigma del sexo, el pensamiento de que es inconcebible que alguien quiera ofrecer sexo a cambio de dinero. Nadie puede querer hacer tal locura voluntariamente, así que la prostitución está mal sí o sí, es una violación. Fin. Ésa es la diferencia. Si se considerase la prostitución como un simple oficio, como otro cualquiera, se podría luchar con eficacia contra todos los problemas que tiene, que son muy graves, y podría llegar a ser un trabajo tan seguro y tan digno como cualquier otro. Pero estamos jodidos, porque la cuestión va de sexo.

Es entendible que haya personas que jamás venderían un servicio sexual a cambio de dinero. Personas que no se sienten cómodas con la idea de compartir ese espacio tan íntimo a la ligera con desconocidos, y mira, eso está muy bien. Pero algunos van más allá y parecen no ser capaces de entender que no todo el mundo piensa igual, que hay personas para las que eso no es un gran problema, por lo que para ellas no es un trauma dedicarse a la prostitución. Así que en cierto modo el estigma es también un problema de incomprensión, de cerrazón  de mente, de no hacer un esfuerzo por aceptar que otros no tienen las mismas ideas que tú. Da la impresión de que para mucha gente el sexo es algo sagrado y piensan que debería ser sagrado para todo el mundo. Pues no, hay gente que es capaz de convertir su actividad sexual en un servicio y disociar su intimidad personal de su intimidad laboral sin que ello le suponga ningún tipo de incomodidad psicológica, o al menos no una mayor a la de estar trabajando en un empleo que no te gusta, como por ejemplo de cajero en un supermercado.

Lo más cojonudo es que hay gente que no tiene ningún tipo de problema a la hora de aceptar el hecho de que hay personas, tanto hombres como mujeres, que son muy activas sexualmente y que tienen relaciones muy a menudo y con personas diferentes, a menudo sin conocerlas demasiado (o nada). Hoy en día, cada vez más la sociedad acepta que cada uno hace con su cuerpo y su vida sexual lo que quiere, con quien quiere y con cuantas personas quiere, siempre y cuando haya respeto y consentimiento por parte de todos. Si esto es moralmente válido, ¿por qué esa aceptación se transforma tan radicalmente en oposición cuando se introduce el tema monetario? Porque, al margen de pequeños matices, prácticamente la ÚNICA diferencia entre ser una persona promiscua (Promiscuo: dicho de una persona: que mantiene relaciones sexuales con otras varias) y una prostituta es que la primera lo hace por ocio y de forma gratuita y la segunda lo hace por trabajo. Por cierto, aquí me parece interesante repetir una idea que he sacado a colación antes: el porno no es, ni de lejos, tan denigrado como la prostitución (lo es, pero no tanto, está socialmente mucho más aceptado), y es PRÁCTICAMENTE LO MISMO (cobras por follar, y a menudo en unas condiciones lamentables que muchos profesionales del sector denuncian), SÓLO QUE ADEMÁS LO GRABAS Y LO DIFUNDES. Pero eh, lo que la gente más lucha por eliminar es la prostitución. ¿Cómo se puede entender esta enorme contradicción? Fácil: ESTIGMA. PREJUICIOS. P-R-E-J-U-I-C-I-O-S. Estamos culturalmente condicionados para considerar la prostitución como algo aberrante porque sí, porque es así y punto, y mucha gente no es capaz de ver que, a día de hoy, eso no se sostiene, si analizamos todos los puntos con objetividad y cabeza fría. Y espero que llegue el día en que, como sociedad, podamos quitarnos esa venda de los ojos y así afrontar el problema como verdaderamente lo tenemos que afrontar.

P. D. Luego está el tema de que, encima, cuando se trata de enfrentarse al problema de la prostitución, no se suele preguntar a las prostitutas qué es lo que quieren. No se tienen en cuenta todas las realidades y circunstancias. Demasiado a menudo se da por sentado que todas viven en un infierno del que quieren escapar, y eso no es así. A grandes rasgos hay tres situaciones principales: la prostitución forzosa de personas esclavizadas, la prostitución de personas que realmente no quieren dedicarse a eso pero lo hacen por necesidad, y la prostitución de personas que consideran que es un trabajo como otro cualquiera y que lo defienden y luchan por lograr condiciones dignas. Evidentemente considero que el último grupo es minoritario, pero existe, y es numeroso. Si todas las prostitutas, si TODAS y cada una de las prostitutas del mundo pensaran igual ante la prostitución, si NI UNA SOLA de ellas quisiera desempeñar voluntariamente este oficio, entonces no tendría problema en aceptar que la prostitución debe ser eliminada, pero la realidad es variada, múltiple, compleja, y no existe una única solución. Ante las diversidad de situaciones debería plantearse una diversidad de formas de afrontar cada problema, pero la mentalidad es la de decir que hay que abolir toda la prostitución y así se solucionará todo, y eso lo único que hace es perjudicar a los trabajadores sexuales. A unos porque ellos QUIEREN ejercer esa profesión y no les dejan, y a todos porque la penalización solamente implica que aquéllos que podrían tomar medidas para proteger el oficio y garantizar condiciones dignas se dedican a perseguirlo, con lo cual los trabajadores están todavía más a merced de los peligros que acechan en la ilegalidad. No estoy diciendo que despenalizar solucione inmediatamente todos los problemas, porque es una cuestión cultural y que llevará muchísimo tiempo solucionar, pero el caso es que la prostitución no tiene pintas de ir a desaparecer (lleva existiendo MILENIOS, estando mal considerada socialmente DESDE SIEMPRE y penada desde hace muchísimo tiempo, y ahí sigue), por lo que, asumiendo que quien quiera librarse de ella no lo va a conseguir, la ley tiene dos opciones: una, no hacer nada y que todo siga igual, con la mayor parte de prostitutas en situaciones precarias e inseguras, y dos, intentar ayudar a las prostitutas, lo cual no arreglará demasiado las cosas de forma inmediata pero AL MENOS sentará bases, dará respaldo y establecerá una serie de regulaciones y mecanismos a los que los trabajadores sexuales podrán acudir en busca de ayuda y que en muchos casos sí marcarán una diferencia. Así que, entre no hacer nada y que TODOS sigan jodidos, y hacer algo y que al menos algunos puedan ver mejorada su situación... ¿qué sería lo lógico?

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