viernes, 23 de mayo de 2014

Cuando estás así

Cuando estás así decides que no vamos a pensar.
¡Menos mal que hay música!
En estos tiempos modernos puedes subir tanto el volumen
que sólo te oyes a ti mismo al pensar sobre el papel.
Cuando es así dices
"Ay, ay, ay, dejadme en paz, dejadme en paz, malditos".
No quieres escucharlos venir,
pero rápidamente regresan a ti,
se meten en tu cabeza en silencio y ¡pum!,
de repente explotan y vas atrás en el tiempo.
Veas lo que veas en ese espejo,
no se convertirá más que en dolor.
¡Entonces querrías volver atrás en el tiempo!
O querrías propulsarlo hacia adelante.
Pero el tiempo es como una costura:
se cose a cada segundo, puntada a puntada,
con aguja fina e hilo de plata,
y no hay tijeras para cortar.
¡Este hilo de Ariadna no hace más que enmarañar el laberinto de mi alma!
En algún momento querrías desgarrar el tejido bruscamente y ¡zas!,
desaparecer del instante como si te hubiese llevado la Moira.
Cuando sientes ese demonio reptando dentro,
trepando por tus costillas, por tu corazón,
a punto de vomitarlo hacia fuera,
en forma de odio que tiene forma de palabras.
Cuando sientes ese puño que se abre y que se cierra,
palpitando rápido en tu pecho,
haciendo de cada bocanada de aire una sorda batalla.
Cuando estás así, piensas,
"ojalá todo pudiese desaparecer".
Como un avestruz en los brazos de Morfeo,
querrías entregarte a la manta soñadora,
cerrar los ojos y dejar venir la oscuridad, sin los sueños.
Correr una cortina para que el mundo te olvide,
Correr otra cortina para olvidar tú al mundo.
Dejar pasar los días, y las horas,
y los minutos, y los decenios.
Dejar que corran, poco a poco, los vastos siglos y los milenios.
Para despertar de sopetón tranquilamente
y verte así de esta flor negra curado,
porque ésta florece cuando está tu corazón marchito.
Cuando es así, el tiempo parece resbalar lentamente,
como si fuera un hielo.
Así, ves pasar por tu lado una fracción de tiempo
que se detiene a conversar contigo.
Te regala un par de demonios (¡para que así te tortures!);
da un par de vueltas, alegre, alrededor de tu desgracia;
toma de la mano a tu desesperación;
juega un rato con tu rabia sin masticar
(o tal vez demasiadas veces masticada),
y luego te saluda con su mano, sonriente,
y te dice tan campante,
"¡Adiós! ¡Mira detrás,
que por donde yo he venido viene una de mis hermanas!".
Y así continuamente, sin terminar.
¡Qué juego tan entretenido!
Pero tú no puedes jugar,
aunque estés atrapado en el juego.
No te puedes ir, ni puedes abandonar.
Tú te tienes que quedar,
aunque no sea divertido,
a hacerle compañía a la tristeza,
que se siente sola junto a tu vacío.
Y si tienes ganas de llorar,
sólo entierra la cabeza en la almohada
e intenta intentar olvidar, si es que acaso puedes.

1 comentario:

Amando García Nuño dijo...

Bonito y luminoso poema sobre las florecitas y la primavera...
Abrazos, siempre